Sigue el bochorno. Menos mal que sólo queda uno más. El Real Madrid volvió a ser goleado por un Barcelona que pareció jugar a medio gas en Valdebebas. Suficiente para encargar el título de Liga, si es que no lo estaba ya, con un contundente 0-3. De nuevo, las blancas se vinieron abajo tras el segundo gol de las azulgranas y gracias a Misa el marcador no fue más amplio. Lo que sí va a más es el histórico en Clásicos a favor de las culés, que han ganado 23 y perdido sólo uno. Ona, Alexia y Lakrar, en propia puerta, hicieron los goles.
Sin que sirviera de mucho, puesto que la Liga estaba más que decidida y el resultado de la Champions no se puede cambiar, el Real Madrid tenía una oportunidad para sacar el orgullo tras el set encajado el pasado miércoles. Pero ni con esas. Lejos de rotaciones masivas en ambos equipos, los dos entrenadores se tomaban muy en serio esta prueba, antes del asalto final en el Camp Nou, donde se pondrá fin a esta oleada de Clásicos, que se irán a seis esta temporada, puesto que se han visto en todas las competiciones posibles.
Pau Quesada metía sólo dos cambios respecto al partido de ida de cuartos de final. Tocaba protegerse de un Barça que abusa de su control de balón y domina como quiere, por lo que el técnico cambiaba el dibujo. Más defensas, más control en el centro del campo y sólo dos jugadoras arriba: Athenea y Linda Caicedo, las únicas salvables del duelo de Champions.
Con Misa bajo palos, Lakrar, Méndez y Rocío formaban en el eje, con Eva Navarro y Yasmim en los carriles. En el centro del campo, aparecía Toletti para tratar de darle orden al juego de las blancas, manteniéndose Angeldahl y Däbritz. Arriba, las dos futbolistas mencionadas, con Linda más centrada, pero ambas en busca de los espacios a la espalda de la defensa culé. Se quedaban en el banquillo Feller y Weir.
Por su parte, Romeu cambiaba todo el ataque, pero nada más. Cata aparecía en portería, con Aïcha Camara como pareja de Paredes en el centro de la defensa, mientras que en los costados volvían a estar Ona y Brugts. Patri Guijarro aparecía en el pivote, mientras que Serrajordi dejaba de ser una sorpresa, apareciendo por delante con Alexia. Sí que eran novedades las tres de arriba; sin Pina, Pajor y Vicky, estaban Graham Hansen, Sydney Schertenleib y Salma.
Salía con otra actitud el conjunto blanco, que como en la ida de Champions trataba de buscar a Linda y Athenea constantemente. Lo lograban por minutos, aunque, como casi siempre, quien se adelantaba era el Barcelona. Lo hizo, eso sí, con algo de fortuna. Un disparo desde la frontal de Ona Batlle tocaba en Rocío y desviaba su trayectoria para acabar en el fondo de la portería.
Pudo repetirse el guion del pasado miércoles, puesto que estuvieron a punto de encajar el segundo de forma casi consecutiva, pero entonces apareció Rocío para desquitarse y salvar bajo palos una volea mordida de Graham que iba dentro. Insistía el Barça para poner tierra de por medio y encarrilar el choque, pero se resistían las blancas, que tuvieron una oportunidad en las botas de Athenea, aunque el disparo se marchó lejos.
El Barça no frena ni a medio gas
Se fueron uno abajo las madridistas al descanso, pero sus esperanzas de sacar algo positivo de este Clásico duraron más bien poco en la segunda parte. En el 51′ Alexia dejaba visto para sentencia el partido. Mención especial para Graham Hansen, que se deshacía de Yasmim con una filigrana para apurar línea de fondo y poner el pase atrás para la de Mollet del Vallés, que no perdonaba.
Apuntaba el Clásico a una nueva goleada culé y no tardaría en confirmarse. Con un Barça a medio gas, que no apretó en ningún momento el acelerador, el Real Madrid no sólo no podía, sino que encajaba otro saco. Y eso que Misa había hecho ya un par de intervenciones para evitarlo. En el 55′, Lakrar se remataba de cabeza hacia su propia portería, poniendo el 0-3. Bajaban definitviamente los brazos las blancas.
Entraba entonces más madera en el conjunto azulgrana. Entraban Pina y Mapi León, mientras que en el conjunto blanco se iban Däbritz, Linda y Athenea para dar entrada a Weir, Irune y –cómo no– Feller. Casi las mismas piezas que en la ida de los cuartos de final eran las que utilizaba Quesada. No cambiaba nada.
El Barça ya dominaba a sus anchas con un Real Madrid totalmente hundido y que estuvo a punto de encajar el cuarto, pero lo evitó Misa, rechazando un disparo de Pina. Por si acaso podían hacer más daño, Pere Romeu agotaba cambios con Vicky, Kika y Pajor. Embotelladas en su área, las madridistas conseguían resistir las embestidas sólo gracias a Misa, que realizó tres intervenciones más de nivel para evitar un resultado aún mayor.
Por suerte para las blancas, el jueves se pondrá fin al bochorno de los Clásicos. Lo hará, eso sí, con el riesgo de sufrir otra humillación de proporciones mayores a las vistas hasta ahora, que ya es decir. La vuelta de los cuartos de Champions se celebrará en el Camp Nou, ante unos 60.000 espectadores y con un Barça lanzado ante un rival al que tienen la moral totalmente comida.